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13 de febrero de 2015

El embarazo: cómo cuidarse para mejorar la salud infantil

Planteamos las principales preguntas, y sus respuestas, que toda mujer debería tener presente no sólo si ya está embarazada, sino incluso si está pensando en tener un hijo, para mejorar la salud de bebé y del adulto en el que se convertirá.

Desde el momento en el que decidimos ser padres, se generan muchas ilusiones y expectativas, a la vez que miedos y preocupaciones. Los cambios que se producen en la mujer durante el embarazo son una auténtica metamorfosis y el desarrollo de una vida en su interior, a pesar de estar científicamente muy bien estudiado, no deja de rozar lo que nuestra mente podría clasificar como mágico por lo apasionante e increíblemente perfecto que es.

Sin embargo, esa decisión debe tomarse con una idea clara: la protección de nuestros hijos comienza desde que pensamos ser padres. La cadena de acontecimientos que se empieza a producir desde la concepción del óvulo no deja de ser susceptible a muchas influencias, y gracias a los conocimientos científicos de los que hoy disponemos, se evitan muchas alteraciones en el desarrollo intrauterino, en el nacimiento y a lo largo de la infancia. La sensibilidad a los factores del entorno varía también según el momento gestacional y puede haber uno o varios periodos de mayor susceptibilidad.

Por ello, no podemos hablar de salud o enfermedad del niño exclusivamente tras el nacimiento. Las condiciones del desarrollo intrauterino  protegen o predisponen al desarrollo de enfermedades en el niño e, incluso, en el adulto. Así que, desde que pensamos en quedarnos embarazadas, podemos ya ayudar a optimizar nuestro cuerpo para gestar saludablemente a nuestro hijo.

Dicho de otra forma: actualmente, los adultos empezamos a tener conciencia que los factores ambientales, la puesta en práctica o no de hábitos saludables y el entorno con el que interaccionamos, pueden hacernos desarrollar o no una enfermedad o trastorno para el que tengamos una mayor predisposición. Quizás el ejemplo mejor entendido y más extendido es el del riesgo cardiovascular en relación con el consumo de grasas, la realización de ejercicio y el control de peso.

Así pues, la salud infantil comienza en el embarazo. Y el entorno durante el embarazo lo garantiza la madre. La formación de la placenta como medio de intercambio entre la madre y el feto supone la creación de una barrera selectiva ante las agresiones, pero aun así existen muchos factores, unos más controlables que otros, que inciden en los momentos más claves del desarrollo de los sistemas, órganos y funciones. Vamos a analizar, de manera general, cuáles son esos factores y qué debe tener en cuenta la madre en cada caso para evitar que afecte a la salud de su futuro hijo.

1. Tabaco: ¿debo dejar de fumar? A ninguna madre se le ocurriría poner en la papilla de frutas de su hijo una gota de cianuro, una de las cuatro mil sustancias químicas presentes en el humo del tabaco, junto al plomo y a más de sesenta compuestos que causan cáncer. Así, la madre debe evitar la exposición al humo del tabaco, incluso cuando no es ella la que fuma, ya que hacerlo mientras el feto está en el útero es también una forma de exposición pasiva para él. De hecho, cuando la mujer embarazada fuma, toda la mezcla tóxica del tabaco entra en su sangre, cuyo contenido es el único que nutre dentro del útero al embrión.  Aunque ninguna de las citadas sustancias son buenas para el desarrollo del feto durante el embarazo, hay dos compuestos que son especialmente dañinos: la nicotina y el monóxido de carbono. Estas dos toxinas son las responsables de casi todos los problemas relacionados con el tabaco que surgen durante el embarazo De hecho, los hijos de madres que fuman durante la gestación tienen un mayor riesgo de tener hijos con bajo peso al nacer y de que sufran infecciones respiratorias y asma durante los dos primeros años de vida, y consecuentemente, más riesgo de desarrollar estas enfermedades de adultos.

El consumo de tabaco durante la gestación también se ha asociado a menores tasas de lactancia materna o al desarrollo de alteraciones endocrinas en el recién nacido y a otras complicaciones más graves como el síndrome de muerte súbita del lactante, así como a una mayor mortalidad perinatal. Otros efectos potenciales asociados al tabaquismo durante el embarazo son el aumento del riesgo de aborto y/o de malformaciones congénitas (labio leporino, pie zambo, etc.) en el recién nacido, si bien se han de realizar futuros estudios que confirmen estos efectos. Otros estudios, por el contrario, sí han asociado el consumo de tabaco durante el embarazo con déficits cognitivos y alteraciones de comportamiento a largo plazo.

2. Cafeína: ¿puedo tomar café? Toda la comunidad médica está de acuerdo en que toda mujer embarazada, o la que busca estarlo, debe disminuir el consumo de cafeína, aunque, después de muchos estudios, sigue existiendo controversia sobre cuál es la cantidad de cafeína recomendable. De todas formas, siguen apareciendo algunas evidencias, sobre todo ante consumos altos de cafeína, de un mayor riesgo de aborto y muerte. ¿Dónde está el límite?  Aún existen muchas incógnitas no desveladas por los estudios, pero uno de los efectos directos claros es la acción quelante del café y el té, que disminuye la absorción de hierro, tan necesario a lo largo del embarazo. De todas formas, los efectos negativos sobre el bienestar de la embarazada son notorios, y lo son más a medida que avanza la gestación: aumenta la dificultad de sueño, empeora los tan molestos ardores e incrementa el nerviosismo y los dolores de cabeza.

3. Medicamentos: ¿no puedo tomar ningún fármaco durante el embarazo? El conocimiento de los efectos beneficiosos o perjudiciales durante el embarazo es más limitado que en la población general, ya que los estudios que pueden producir esa información tienen grandes limitaciones éticas, como es razonable. En medicina, se usa una clasificación de la FDA para saber qué nivel de seguridad se tiene, y eso es lo que orienta al profesional para recomendar un fármaco o no durante el embarazo. Por ello, en este aspecto hay que seguir las indicaciones del médico.

4. Hierbas e infusiones: ¿ayudan o son peligrosas? Las incertidumbres respecto a estos productos son grandes. Que las hierbas, tés e infusiones, sean naturales, no implica que sean inofensivos. No olvidemos que el origen de los productos farmacéuticos proviene de combinaciones y derivados de productos naturales, pero también de venenos. Es difícil saber qué productos pueden influir positiva o negativamente en la salud del feto por la cantidad de compuestos, su variabilidad y su continua evolución, pero ya sabemos que algunas aumentan las contracciones del útero o pasan a la leche materna.

5. Alcohol: ¿puedo tomar alguna copa? Durante tiempo ha existido controversia sobre la permisividad de cantidades mínimas de alcohol. Actualmente todas las sociedades científicas de obstetricia y pediatría están completamente de acuerdo en que hay que evitarlo por completo no sólo durante el embarazo, sino también si se pretende quedar embarazada. El alcohol cruza sin barrera alguna la placenta y pasa al torrente sanguíneo del feto de forma directa. A esto se suma que su metabolismo es mucho más lento, por lo que los niveles de alcohol se incrementan y se mantienen con más facilidad.

Existe una larga lista de afecciones en el niño por el consumo de alcohol durante el embarazo. En medicina, de hecho, hay un término específico para las alteraciones más graves que se producen en el nacimiento: el síndrome de alcohol fetal. Por otro lado, existen estudios que señalan que tomar una sola bebida alcohólica al día aumenta el riesgo de que el bebé presente bajo peso al nacer o que, durante su niñez, tenga problemas de aprendizaje, de atención y del habla. Otras investigaciones relacionan la toma de una bebida por semana durante el embarazo con una mayor probabilidad de que los hijos tengan comportamientos agresivos y antisociales.  También hay que prestar atención a las bebidas catalogadas de “no alcohólicas”, como la cerveza sin alcohol o el vino sin alcohol: poseen un 0,5%.

6. Alimentación: ¿qué como en el embarazo? Durante los nueve meses existen muchas fases, el cuerpo cambia de forma llamativa y las necesidades son distintas. No es fácil llevar una dieta sana, equilibrada y sin déficits si antes no tenemos cierto aprendizaje en este aspecto. No obstante, siempre podemos mejorar y hay recomendaciones generales para evitar algunos casos de enfermedad que se conocen y que son de afectación casi directa al desarrollo del feto. Nos referimos al toxoplasma en jamón y carnes poco hechas, a la listeria y los lácteos sin pasteurizar, al pescado azul y al mercurio, y a las necesidades de suplementos de yodo y de ácido fólico, que disminuyen en hasta un 70% la probabilidad de desarrollar defectos de tubo neural.

7. Actividad física: ¿es bueno que haga ejercicio? Durante mucho tiempo ha existido controversia en la prescripción del ejercicio en el embarazo de normal evolución (no hablamos por supuesto, del embarazo de riesgo, ya que las precauciones a tomar son muy distintas). El American College de Obstetricians and Gynecologists introdujo en 1985 unas directrices para la recomendación de ejercicio durante la gestación y en el postparto a las que, posteriormente, se han ido sumando estudios y recomendaciones. En este tema, la variabilidad es grande y, por ello, los programas de ejercicio deben ser individualizados ya que influyen muchos factores. Uno de los más importantes es la capacidad y el entrenamiento físico previo. No obstante, en general, el ejercicio aeróbico, progresivo y regular, que no supere una intensidad moderada, es muy recomendable.

8. Productos de limpieza, insecticidas, ambientadores, pinturas, cremas, perfumes: ¿puedo utilizarlos? Existen múltiples agentes que respiramos o absorbemos por nuestra piel, y que pasan al torrente sanguíneo y, a su vez, al feto. Los productos de uso doméstico están testados para no ser perjudiciales o tóxicos en adultos, pero, ¿cómo influyen en el desarrollo fetal? El feto es más susceptible y, además, tiene menor capacidad metabólica, con lo que puede acumular dosis de determinadas sustancias que determinen una mayor probabilidad de desarrollar patologías. Hay estudios en marcha para detectar la influencia de muchas sustancias en el feto y la probabilidad de desarrollo de enfermedad durante la infancia como es el caso del Proyecto INMA, en el que ha participado la Fundació Roger Torné. Esta iniciativa estudia el papel de los contaminantes ambientales más importantes en el aire, agua y en la dieta durante el embarazo e inicio de la vida, y sus efectos en el crecimiento y desarrollo infantil.

Con la visión global de médico de familia que trabaja con pacientes y como madre, tengo claro que somos animales de costumbres, por lo que no es fácil cambiar las creencias, y aún menos los hábitos. Pero decidir ser padres implica la responsabilidad de formarse y grandes cambios, algo insospechado para quien no los ha vivido. Considero que la preparación durante el embarazo y la implicación en adoptar hábitos adecuados para la salud propia, o la de la pareja y la del bebé, es parte de la preparación psicológica para afrontar un proyecto tan ilusionante, maravilloso y arriesgado como es tener un hijo. Y los conocimientos actuales nos permiten ayudar a que nuestros hijos nazcan y crezcan más sanos. Hagamos, pues, de los hábitos saludables y de nuestra rutina la mejor medicina.


Empresa: Fundació Roger Torné
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